¿Cuatro islas perdidas en el Pacífico? Parte II

Posted on June 27th, 2006 by Francisco Polo.
Categorías: Cosas de..., Política Internacional, Historia.

He aquí la segunda parte del artículo cortesía del Profesor Sellarés que publicamos la semana pasada. Habrán observado que, contrariamente a lo que les había prometido, no hay ningún link para poder descargar las dos partes del artículo. Se trata de un problema técnico de mi servidor que intentaré solucionar en cuanto tenga un poco de tiempo. Hasta entonces les dejo que disfruten con la resolución de la investigación.

¿Cuatro islas perdidas en el Pacífico son aún españolas? - II

Todo empieza con una carta de Don Emilio Pastor Santos de marzo de 1948 (de los informes no queda claro si lo hizo el 5 ó el 21) denunciando la posibilidad de que se establezcan por España 3 estaciones navales en las islas Carolinas, Marianas y Palaos, según el art. 31 del tratado hispano-alemán de 1899. Convencido de su descubrimiento, pide la concesión de instalaciones en Saipán, Yap, Korreor.

Meses más tarde, en octubre, abre un segundo frente, y “denuncia” que quedan cuatro islas en la zona en las que la soberanía corresponde a España.

lost_sak.jpgLa esencia del caso radica en estos dos asuntos, que siendo temas diferentes vienen mezclados a lo largo del expediente. Mientras que en cuanto a la posibilidad de las tres factorías, el problema está en la inactividad y desinterés por parte de España, en las cuatro islas la tesis del Sr. Pastor Santos está en adscribirlas a Melanesia, basándose en las diversas cartas náuticas de la zona, elaboradas por los diferentes países y que relaciona con esmero, y entender que el artículo 11 del tratado hispano-alemán de 1899 cedía las Carolinas, Marianas y Palaos, islas delimitadas, según él, por el paralelo 5’ N por pertenecer a Micronesia .

Trataremos inicialmente el segundo de los puntos, el de las cuatro supuestas islas remanentes bajo soberanía española, cuyas coordenadas geográficas son las siguientes:

Os Güedes o Pegan (Onaka, Onella)

140o 30′ y 140o 47′E/ 0o 47′ y 1o 8′N

Coroa o Arrecife

147o 12′ E / 1o 0′ N

Pescadores o Piguiram (Greenwich, Kapinga Molang, Kapingamarangui)

161o 3′ E / 1o 6′ N

O Acea o Matador

163o 12′ E / 1o 30′ N

España detentaba derechos en la zona y esas concretas islas por su descubrimiento en 1537 por Hernando de Grijalva, como ya se ha indicado. La discusión sobre el ejercicio auténtico de la soberanía en esa región del mundo, disputada especialmente por Alemania en la década de los 80 del siglo pasado, que entendía que España no había hecho nada en la zona y “la soberanía de un país hay que afirmarla en un acto”.

La cuestión se encauzó mediante la mediación de Su Santidad, a la sazón León XIII, para lo que se establece la Proposición de Su Santidad como Mediador quien no sólo acerca a las partes y propone una solución, sino que reúne una Comisión de Cardenales y dicta el 22 de octubre de 1885 un laudo arbitral que recogen las partes enfrentadas en un Protocolo de 17 de diciembre de 1885. En el laudo y en el señalado protocolo se encuentra el principal obstáculo a las tesis del Sr. Pastor Santos.

En efecto, dicho tratado fija unos límites, cuyo flanco sur es el Ecuador. Dichos límites se repiten en el Tratado de Washington de 11 de febrero de 1922 entre EE.UU. y Japón referido a la isla de Yap y las demás islas bajo Mandato situadas en el Pacífico al norte del Ecuador, y en la Resolución de 2 de abril de 1947 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas [21(1947)] por la que se aprueban las “condiciones del régimen de administración fiduciaria para las Islas del Pacífico anteriormente bajo mandato japonés”.

En consecuencia, EE.UU. es la Administración fiduciaria del Territorio de lo que antes era Mandato en manos de Japón, esto es, las islas previamente alemanas. ¿Y cuáles son éstas? Las españolas situadas al norte del Ecuador en el Pacífico o “las Carolinas, Palaos y Marianas (excepto Guam)”, El Art. 11 del Tratado de 1899 escoge a las últimas, y para delimitarlas no establece criterio alguno. En esta duda, se opta por utilizar el del art. 21 del Tratado de 1885 ya visto, referido a la zona de soberanía española, cuyo límite inferior es el Ecuador.

Dicho de otro modo, que los Territorios en fideicomiso, mandato o colonia estuvieran al norte del Ecuador no supone que el Ecuador fuera su límite sur. Además, según el Sr. Pastor Santos, ese límite, de tratarse del límite de las Carolinas y no del de la zona de soberanía española, debería abarcar también las Gilbert y las Marshall (él las llama Carolinas Orientales, junto con las Carolinas Centrales o Nuevas Filipinas, y las Carolinas Occidentales o Palaos, además de Carteret, Freewill, Coroa, Piguiram, Matador e Indiana que no pertenecen a las Carolinas “a pesar e estar en el cuadrilátero”).

Queda clara la debilidad del punto de partida del silogismo del Sr. Pastor Santos, que en palabras del segundo proyecto de Nota Verbal “a la Representación de los Estados Unidos de América en Madrid”, consiste en que las 4 islas “al no pertenecer a los Archipiélagos vendidos al Imperio Alemán en el Tratado de 11 de julio de 1899 no entraron por consiguiente en dicha enajenación”, lo que “les llama igualmente la atención”. Una “nota para su Excelencia (imaginamos que en este caso era el Ministro de AA.EE.) aclara que respecto a la cuestión de las islas “no está plenamente demostrado nuestro derecho” y que “hay una falta de precisión en el Convenio y Protocolo de 17 de diciembre de 1885, y que por otra parte esas islas han pertenecido siempre y siguen perteneciendo al archipiélago filipino y, por lo tanto, incluidas entre aquellas que España cediera”. A este proyecto de Nota Verbal se formulan observaciones y destaca la que acertadamente recuerda que “si los grupos de islas que se reclaman han sido ocupadas de hecho, bien sea por Alemania, por el Japón, o por los Estados Unidos” se reforzarán las tesis contrarias. Además aporta un nuevo dato, ya que “el espíritu e idea de los gobernantes” en 1899 era “enajenar la totalidad de las posesiones españolas en el Pacífico”, añadiendo como confirmación de esta idea “la carga que para el Tesoro representan las islas poseídas por la Corona”, según el preámbulo del Proyecto de Ley para aprobar el Tratado.

Es por esta vía argumental por donde la tesis del Sr. Pastor Santos se desmorona irremisiblemente. Aunque no se hubieran cedido, la ocupación por parte de Alemania, Japón o EE.UU. sin oposición española hacen primar el principio de la efectividad, o dicho con palabras del Informe de la Asesoría Jurídica Internacional del Ministerio de AA.EE. (4 de enero de 1949) “si los grupos han sido afectados por el régimen de fideicomiso, el derecho español queda destruido por la existencia de una nueva estructuración político-territorial de interés general”. El Protocolo de 1885 ya reconocía implícitamente la limitada ocupación efectiva de las islas por parte de España, que debía dar noticia de cualquier nueva ocupación, publicándolo en Madrid y Manila - con una clara influencia del Acta de Berlín, pensada para el reparto de África -. Pero si era así, ¿a qué espacio correspondían los límites? Es decir, si lo realmente ocupado era un espacio exiguo, ¿cómo se limita una zona de 2.000.000 km2?

kapingamarangi.jpg

Esto lleva a preguntarnos qué significado jurídico tienen los espacios delimitados por coordenadas geográficas trazando cuadros en una carta, y que suelen aparecer en el Océano Pacífico de cualquier atlas del mundo. No se trata de mar territorial (art. 3 Convenio de Montego Bay sobre derecho del mar de 1982), ni de zona contigua (art.33.2) ni es zona económica exclusiva porque se superan generosamente las 200 millas del art. 57 del señalado tratado, ni es plataforma continental (art. 76.5), porque difícilmente ésta tendrá ángulos rectos perfectos y límites rectilíneos. Tanto en el tratado de cesión de las Filipinas como en el hispano-alemán de 1885 se dan los puntos con los que dibujar una figura sobre un mapa. Todo lo que entre en esa figura, se tiene, vende o cede. Pero para tener, ceder o vender antes hay que haber ocupado efectivamente, según la jurisprudencia internacional, y en éste caso no ha sido así. En consecuencia, dicho espacio atribuido a un Estado es una forma cómoda de evitarse relacionar las 6.000 islas de las Filipinas o las 352 de las Carolinas, pero no puede suponer un derecho sobre el mar ni sobre la tierra deshabitada. Es, por tanto, un “Hinterland” marítimo donde se dan las características de contigüidad, ejercicio nominal de la soberanía que ningún otro Estado discute y ocupación imposible.

Vemos que el Tratado de 1885 España reconocía implícitamente que sólo ocupaba efectivamente algunos puntos y que en ellos podrá dar muestras del ejercicio de la soberanía mediante impuestos y reglamentos sanitarios, lo que le supondrá establecer puestos permanentes. Sin embargo, los límites abarcan mucho más que el territorio ocupado, comprendiendo enormes zonas oceánicas. Como explicación inicial, el límite no sólo se trataría de una “frontera” hacia el exterior sino como barrera interior. Es decir, sería el máximo de ocupación permitida a España, más que el tope de la penetración extranjera en la zona. Dentro de ese recuadro, España tiene un derecho preferente de ocupación. Pero si no lo usa, -como sería el caso-, este derecho no puede prevalecer sobre otras presencias auténticas.

En consecuencia, a pesar de la “inexistencia de la prescripción extintiva en Derecho Internacional” y de que los Tratados posteriores fueran considerados por España “como ‘res inter alios acta’” , y por más que se intente justificar el prolongado silencio como debido a que la soberanía no estaba “definitivamente regulada” y que era “contrario al sentir de la digna opinión pública nacional” tratar con Alemania en el período 1899-1914, España no puede haber conservado un derecho que nunca tuvo porque nunca lo ejerció auténticamente.

Visto así el caso, el Consejo de Ministros de 12 de enero de 1949 decidió “que mientras no se aclare el asunto, procede esperar antes de efectuar gestión alguna con los Estados Unidos o con las potencias amigas que forman parte de la ONU, ya que España no tiene contactos con la ONU y sería ésta la que habría de resolver sobre la suerte definitiva de esas islas de Micronesia que pertenecieron al Japón”.

En cuanto a la posibilidad de establecer una base para un depósito de carbón en cada uno de los archipiélagos de Micronesia, reservada en el artículo 31 del tratado de 1899 y nunca ejercido, la Asesoría Jurídica Internacional cree que es factible, aunque como la situación ha cambiado, destaca que el momento es desfavorable. Si en 1949 ya resultaba inviable, más aún ahora.

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Hay 5 Comentarios.

M. Atitar de la Fuente

Comment on June 27th, 2006.

Lo imprimo y me lo leo, igual que hice con la primera parte…luego te comento. Muy interesante…aunque sospecho que nos quedamos sin islas :-(

Juanan

Comment on September 8th, 2006.

He localizado esta bitácora por casualidad y el tema de este par de artículos me parece muy interesante (a nivel de curiosidad) como aficionado a la geografía. Resulta que para mí no es un asunto desconocido y lo he investigado desde hacía tiempo por otros motivos. Lo cierto es que algunas islas de las citadas quizá no sea tan fácil encontrarlas en la cartografía de uso corriente actual, además de porque han cambiado los nombres, pero yo sí que las he visto representadas en mapas de libros o enciclopedias viejas. Incluso me tomé la molestia de anotar sus coordenadas aproximadas para curiosear más. En días futuros tengo la intención de incorporar algunos datos más al respecto de estas islas (salvo Kapingamarangui o Greenwich, los demás no pasarían de la categoría de escollos o arrecifes) . Existen en esa zona del antiguo Fideicomiso USA en Micronesia algunos arrecifes aislados a añadir , difíciles de ver ahora en la cartografía actual (supongo que no así en cartas náuticas) y con curiosos nombres de raigambre hispana, que por lo visto antes se reflejaban en los mapas (incluso en los de pequeñas dimensiones, como en un diccionario enciclopédico) .

JUANAN

Comment on September 11th, 2006.

Un saludo desde Santander . Aquí va lo prometido.

A continuación expongo una serie de datos más extensa en relación con los 4 grupos insulares objeto del artículo sobre la “Oceanía Española”.

Contribuyo con esta aportación como gran aficionado a la geografía, con especial interés en la Oceanía, incluyendo las antiguas y desconocidas posesiones españolas, entre otros sitios. Los comentarios siguientes son fruto de muchos ratos cotejando, dibujando y ojeando mapas con los que uno se tropieza aquí y allá, así como de encuentros casuales con artículos o comentarios en libros y por supuesto ahora también de Internet (Google, Wikipedia, etc…).

KAPINGAMARANGI; denominado también como Greenwich, Kapinga Molong, Piguiram o, según Emilio Pastor, Pescadores. El primer nombre en mayúsculas es el que aparece en cualquier mapa actual con la suficiente escala. Es sin duda el más fácil de encontrar en cualquier cartografía mínimamente detallada, con numerosas entradas en Internet.Yo lo he visto aparecer en numerosas enciclopedias con este nombre.
La Gran Enciclopedia Espasa, en la edición de principios del siglo XX, previa a la I G.M., donde aún se reflejan las colonias alemanas, incluye también el nombre Greenwich en su mapa de la entrada “Oceanía” y en otro algo más detallado insertado en la entrada “Carolinas”. Curiosamente en esta entrada no incluye la isla en la tabla donde relaciona los nombres y superficies de cada una de las islas Carolinas.Un punto a favor de la tesis de Pastor.
Es un atolón circular de pequeña extensión, 1,1 km2,formado por 33 islotes, con 510 hab. en 1980, según la web de U.N. SYSTEM-WIDE EARTHWATCH. Su longitud es 154,71º E, y no 161º 31′ E
como se citaba en el cuadro de coordenadas del artículo. Esta diferencia puede deberse, aunque no lo he comprobado, a que las citadas coordenadas estén referidas al meridiano del observatorio de San Fernando, frecuente en la cartografía española de épocas antiguas (pues cada potencia referenciaba la longitud desde un meridiano distinto), que está desplazado aproximadamente 6,5º al Oeste del meridiano de Greenwich tomado como cero internacional.
Este atolón está actualmente incluido y administrado como un territorio de los actuales Estados Federados de Micronesia.

MAPIA; que en el artículo se citaba como Os Güedes, Pegan, Onaka u Onella, es un aislado atolón con dos islas, Bras y Pegun, rodeado por un arrecife aproximadamente circular, situado unos 200 km al norte de la abigarrada península de Vogelkop y las islas Schouten (Nueva Guinea indonesia o Irian Jaya).Posee otras numerosas denominaciones: Mapia Reef, Mapia Atoll, islas Freewill (para los británicos, que atribuyen su descubrimiento a Carteret), islas Davis o islas San David, que es el nombre asentado en la toponimia española del siglo XIX. Para la administración indonesia que teóricamente detenta su soberanía denominado como Kepulauan Mapia. Todos estos últimos nombres son encontrables en internet.
Se oferta actualmente como un destino para los submarinistas. Tiene una curiosa historia como asentamiento de plantación de copra de un colonizador alemán de finales del XIX, Teo Weber, que creo un pequeño emporio de soberanía virtualmente independiente dominando y asentando plantaciones en varias islas aisladas y remotas de este área del Pacífico.
No me ha sido posible localizar de forma fidedigna la extensión de este atolón, que es sin duda reducida a pocos km2, pero es casi seguro la entidad de mayor superficie de las 4 que componen la “Oceania Española” de la que tratamos.
Comentar que la longitud ofrecida en la tabla del artículo ofrece posiblemente una coordenada desplazada con la misma circunstancia que la de Kapingamarangi.
Finalmente añadiré esta referencia histórica. En el apéndice II, de cronología, pag. 325,
del libro “Colonialismo y Geografía. La Sociedad Geográfica de Madrid (1876-1936)”, editado en los años noventa, se recoge este extracto:
“1897 El Ministro de Ultramar solicitó un informe a la Sociedad Geográfica de Madrid sobre los derechos históricos y efectivos de España enlas islas David o Freewill.”
(Este asunto se traerá a colación con una aclaración en parrafos más adelante)

MATADOR, (con otros nombres: O Acea u Ocea, muy antiguos). Sin duda de profunda raigambre hispánica. Es una entidad que aparece en los mapas a que hacía referencia en Kapingamarangi (La Gran Enciclopedia Espasa, edición de principios del siglo XX, en su mapa de la entrada “Oceanía” y en otro algo más detallado insertado en la entrada “Carolinas”). Figuraba en éstos como “I. Matador”, de lo que deduzo que sería una minúscula isla, o mejor islote, pero que no he advertido en ningún mapa actual que recuerde. No deja de ser curioso que se refleje en un mapa general que no es de gran detalle y de escalas grandes.
Posiblemente, más que de un islote, se trate de un escollo coralino o rocoso con escasa elevación sobre el mar, o quizá sea un arrecife o bajío, que se recogía como referencia dado el gran vacio existente en ese cuadrante y su indudable peligrosida. También es posible que halla sido borrado por los embates del mar, pues no sería el primer caso. No es posible encontrar más información descriptiva. Tal vez ayudaran las cartas náuticas de esa zona del Pacífico.

COROA O ARRECIFE. Esta entidad me resulta absolutamente desconocida. En principio pensé que podría tratarse de alguna de las islas que forman el excéntrico grupo del Suroeste de las Palaos. Sin embargo sus coordenadas, incluso pudiendo considerar la rectificación de la longitud al meridiano de San Fernando o al de Madrid, me sitúan en el más absoluto vacío.
Y sin embargo es indudable que allí había algo con ese nombre. Me inclino por la teoría análoga al caso anterior, de que se tratase realmente de algún arrecife o bajío, de ahí su nombre.

UN COMENTARIO SOBRE “OLVIDOS” EN LOS TRATADOS. UN EJEMPLO REAL.
La tesis del señor Emilio Pastor quizá no es descabellada en absoluto en su época. Hay un caso curioso realicionado precisamente con las posesisones españolas en Lejano Oriente que avala hasta qué punto los olvidos u omisiones se producen en estos casos en los tratados. Como caso representativo, está el Tratado de París de 1898, por el que España perdía Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. Pues bien, se dio el caso de que al recoger en el tratado los límites de las islas Filipinas, con tan vasto archipiélago, se produjo un error u omisión, de manera que dos pequeños grupos de islas (no tan pequeños comparados con los atolones citados en este artículo), de nombre Cagayán Joló y Sibutú, en el archipiélago de Joló o Sulú y su mar adyacente, junto al Borneo del Norte, quedaron sin transferir la soberanía, siguiendo legalmente como españolas hasta 1900, en que fueron adquiridas por EEUU a cambio de una suma económica, un año después de vender la Micronesia Española a Alemania.

REFERENCIAS
También incluyo a continuación algunos pasajes y referencias de artículos aparecidos en diversos números de la Revista Española del Pacífico. Uno está relacionado con la apetencia de varias potencias sobre las islas Carolinas, españolas, allá por el siglo XIX.Inserto un extracto que hablaba de las islas Mapia o San David, como se conocían entonces para España.
El otro artículo hacía una especie de resumen sobre una completísima obra editada en los primeros años 90 patrocinada por Banesto, como compendio de los descubrimientos y navegaciones españolas en el Pacífico, y en la que ya en sus primeros párrafos advierte de la numerosa y variable toponimia con que frecuentemente se designa a las distintas islas, mudando según la época y la nacionalidad de la cartografía.
Ambos se encontraban colgados en internet en su momento y supongo que todavía lo sigan.

REVISTA ESPAÑOLA DEL PACÍFICO

Las grandes potencias y el Pacífico español: los intereses de los países hegemónicos en la colonia de las Carolinas
M.ª Dolores Elizalde

Dto. H.ª Contemporánea, CEH, CSIC

“[…]
Finalmente, hubo un quinto país que mostró su interés ocasional por las Carolinas. En 1897 Holanda reclamó sus derechos sobre las islas San David, situadas en el área más meridional del archipiélago, muy cerca de las Indias Holandesas, y que nunca fueron visitadas por los españoles. Por tal motivo un barco de guerra de aquel país visitó las islas e izó en ellas la bandera holandesa, manifestando que tomaba posesión de ellas en nombre del soberano de los Países Bajos y por orden del gobernador general de las Indias Holandesas. España mostró sus títulos sobre el archipiélago, y el conflicto se discutió por vía diplomática durante varios años, sin conseguir ningún acuerdo positivo antes de vender las Carolinas a Alemania.[…]”

“[…]
Los viajes españoles por el Pacífico

Los hallazgos españoles en el Pacífico

Amancio Landín Carrasco

Atribuya el lector la redacción de estas líneas al amable y cordial encargo de quienes rigen nuestra revista, deseosos de difundir una síntesis de la obra en tres tomos Descubrimientos españoles en el mar del Sur, que vio la luz, gracias al mecenazgo de Banesto, en diciembre de 1991.

Cuando en 1981 había escrito el autor de estas líneas algunas monografías en torno a los hallazgos en el Pacífico, si bien alguna no hubiese conocido aún la letra impresa (Vida y viajes de Pedro Sarmiento de Gamboa, 1945; Mourelle de la Rúa, explorador del Pacífico, 1971 y 1979, e Islario español del Pacífico, 1984), se le hizo patente la necesidad de afrontar un trabajo de mayor envergadura.

El hecho de que muchos navegantes extranjeros, al singlar por aguas conocidas por los españoles, se creyesen descubridores de islas ya registradas y las bautizasen con nuevos topónimos, unido en alguna ocasión a la malicia ajena y a la desidia propia, sembró una confusión histórica no excesivamente fácil de aclarar. No es extraño, pues, que, a lo largo de los años y de las expediciones bajo distintas banderas, haya islas que pasaron a cartas y mapas con una docena de topónimos distintos. […]”
——————————-
ULTIMOS APUNTES
En esta zona de la Micronesia que abarcaba el antiguo Fideicomiso de las Islas de Pacífico (Marianas, Carolinas, Palaos y Marshall), en manos de EEUU después de la II G.M., también se reflejan en los mapas, sobre todo antiguos, de principios y mediados del siglo XX, algunas entidades aisladas en la inmensidad del océano, algunos con curiosos nombres de reminiscencia española.
A continuación detallo la localización con coordenadas muy aproximadas de estas entidades geográficas, todas ellas sin duda son arrecifes o bajíos (reefs, shoals, etc), sin superficie permanente emergida o muy escasa.

Alligator 155º E / 15º N
Britomart 141º E / 19º N
Los Jardines 152º E / 22º 30′ N
Sebastián Lobos 147º E / 26º N
Parece Vela (Okino Tori Shima) 136º N / 20º N 20′

Este último, Parece Vela, aparece fácilmente con este nombre o su designación nipona en cualquier mapa mínimamente detallado. También se puede encontrar en internet (p. ej. en Wikipedia, incluyendo fotos). Es un caso extremo especialmente curioso, pues es un arrecife triangular con apenas unos pocos escollos o rocas de escasa altitud emergiendo sobre el nivel del mar permanentemente, que los japoneses protejen artificialmente y donde han levantado una plataforma off-shore, tipo a las petroleras, donde albergar una población permanente, como refugio de pesca y centro meteorológico. De esta manera se aferran a su calificación como “isla” y no islote o arrecife (según los convenios internacionales), lo que le permite disponer de una amplia Zona Económica Exclusiva generada a su alrededor. De ahí el gran interés japonés.

Muchas veces, el más pequeño islote tiene un valor oculto, más allá del ya de por sí importante que supone el valor emotivo y sentimental del honor de la soberanía nacional, escondiendo otros motivos añadidos de índole estratégica o económica. Esto va por lo de Perejil.

Francisco Polo

Comment on September 11th, 2006.

Juanan, se aprecia claramente que eres un amante de la geografía. Te agradezco que compartas tus conocimientos sobre este tema. Un saludo.

Juanan

Comment on September 14th, 2006.

Ha sido un placer colaborar. Disculpad los posibles gazapos de ortografía o incorrecciones en la sintaxis, se deben a cierta celeridad al escribir.

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